Las formaciones arbustivas son comunidades dominadas por especies de porte arbustivo, es decir plantas leñosas con diversos tallos, ramificadas desde la base y con una altura máxima alrededor de los 3-5 metros (Di Castri et al. 1981). Acompañando a este estrato arbustivo, suele existir un estrato herbáceo, de especies perennes o anuales y, a menudo, un estrato muscinal y liquénico.

Las comunidades arbustivas mediterráneas albergan una elevada diversidad genética y funcional (superior a la de algunos bosques), y cumplen funciones ecológicas como la protección del suelo, regulación de ciclos biogeoquímicos, almacén de CO2. También son relevantes para la sostenibilidad de los recursos agrarios, como la caza, ganadería extensiva y apicultura. 

Los nombres de las distintas formaciones arbustivas suele reflejar las estructura del conjunto de la vegetación, incluyendo la altura y densidad. Así tradicionalmente se ha distinguido la maquia, del italiano macchia (maquis en frances), que corresponde a una formación densa, de arbustos altos, capaces de esconder una persona a caballo; garriga, del frances garrigue, que corresponde a una formación arbustiva, esclerófila más baja, de hasta un metro y medio o dos, y muy densa; brolla, que correspondería a un matorral bajo, poco denso, dominado por arbustos y matas aromáticas; o tomillar, que correspondería a un matorral bajo, dominado por matas, muchas de ellas también aromáticas. Sobre sustrato ácido tendríamos los brugerales  jarales y . En los pisos oromediterráneos y altimediterráneos tendríamos los escobares, los matorrales xerocánticos.

 

Di Castri F, Goodall DW and Specht R L. (eds.) 1981. Ecosystems of the world II: Mediterranean-type shrublands. Elsevier Scientific Publishing Company, Amsterdam-Oxford-New York xii + 643 pp.